
Por aquel tiempo yo vivía en Recoleta
y no tenía amigos.
Quería ser juglar
y componía canciones de noche,
encerrado en la cocina.
Me gustaba cantar con la luz apagada
o bajo la luz frugal de una vela:
había un público devoto tarareando allá en el fondo.
A veces faltaba a la facu
y me quedaba tocando hasta tarde,
resolviendo acordes,
ajustando estrofas.
Cuando no había nadie
-cuando sabía que nadie vendría-,
me grababa con un walkman japonés
y luego me escuchaba tirado en la cama,
con los ojos abiertos, reflexivos.
Estaba enfermo o loco o viejo.
Creía en la soledad.
Me obsesionaba la muerte.
Estaba persuadido de algo,
intuía alguna cosa.
Era soberbio, arrogante,
tímido, escrupuloso.
Dormía mucho.
Estaba loco o triste
o viejo.
Creía en la soledad.
Cantaba en a la cocina.